miércoles, agosto 24, 2005

Cruces y cicatrices

Qué difícil resulta a veces quitarse de encima los prejuicios, traumas, paradigmas, recuerdos y predisposiciones. Esto nos resta libertad. Nos impide disfrutar al 100% el momento que estamos viviendo. Son las cruces con las que cargamos. Cargas psicológicas. Cicatrices del pasado. Reacciones inconscientes.
Repetimos los mismos patrones una y otra vez. Y no somos capaces de aprender. De darnos cuenta que cada experiencia es única. Que el mundo está lleno de posibilidades infinitas. Que cada persona es diferente. Que lo que necesitamos es quitar las amarras. Olvidar los prejuicios. Entregarnos por completo.
- Amaya

martes, agosto 23, 2005

La frase del día

"He madurado"

- Iván Ordaz Aréchiga

Sobre el matrimonio

La semana pasada un tío me envió un texto que habla sobre el matrimonio. Hay algunos pasajes que me gustaron como para compartirlos con ustedes:
El matrimonio es uno de los misterios humanos. Lo tratan muchas ciencias, como la Teología, la Filosofía, La Moral, la Etica, la Antropología, la Sociología, la Sicología y otras. Lo regulan todos los sistemas jurídicos, civiles y eclesiásticos. Pero no pueden explicarlo en su integridad. Rebasa los sistemas doctrinales. Pertenece mas bien a esas otras realidades misteriosas del hombre y de la mujer, como el sufrimiento, la muerte, el amor, el sexo, la compenetración complementaria de dos seres humanos, la creación de la vida. El matrimonio en todas sus dimensiones, es uno de esos misterios que solo parcialmente podemos comprender.

Pero es allí, en ese nivel de misterio, donde el matrimonio encuentra su profundidad, expresada en símbolos, en signos, en imágenes, una realidad superior.

En esta concepción encaja el matrimonio, como lugar de amor de dos seres, que funden sus vidas, con todo lo que eso implica: apertura al otro, relación amorosa de un Yo y un Tu, encuentro, encarnación personal y social. El amor, por esencia trasciende. Por necesidad sale del Yo para proyectarse, completarse y prolongarse en el Tu y juntos, trascenderse en la vida que se crea. Es el sentimiento de la plenitud , de la benevolencia , de la convivencia, de la compañía, de la vinculación transformadora. Es la experiencia del perdón, de la paz, de la generosidad, de la felicidad que va llenando.

Sin embargo somos humanos, por una parte tenemos limite y falla. Por otra parte, estamos hechos para llenarnos solamente con lo infinito. Ni llenamos ni nos llenan. Ningún amor en la tierra es capaz de llenarnos. Y, menos aun, el amor de Dios como lo conocemos en esta vida. Por tener limite y falla, estamos expuestos siempre a la infidelidad, a la ofensa, a la incomprensión, al egoísmo, a dejar en el otro un vacío, a la separación y a la muerte. Porque el otro tiene limite y falla, estamos expuestos siempre al vacío interior, a la añoranza de un mas allá, de algo mejor, de una verdadera plenitud. Porque tenemos capacidad de infinito, estamos expuestos siempre a la búsqueda y, por tanto, a la infidelidad y al abandono, a la insatisfacción y a la nostalgia, al ansia de una respuesta plena y exhaustiva a los anhelos del corazón.

El amor crea a través de la atracción sexual y del sexo mismo. Es la atracción mutua que el hombre y mujer sienten el uno por el otro, tanto en el sentido corporal como en el nivel de los sentimientos, de las ideas, de la psicología y de la vida. Es la atracción que hace manifiesta la vocación, la necesidad y el destino que tiene el hombre de trascenderse, de ir mas allá de si mismo, de abrirse al otro, y de rebasar sus propios limites en el otro y por el otro. Es el hombre y la mujer que están hechos para el infinito, que aquí nunca alcanza.

Amar no solamente es redimir. Es también completar con el don de uno mismo,. Y, recíprocamente, ser completado por el don del otro. La atracción entre hombre y mujer es la riqueza que se tiene de poder darse en donación, de poder completar al otro.

Así es también el ejercicio del sexo, que simultáneamente hace culminar el amor y lo genera. Amor sin atracción sexual y sin sexo no es humano, porque el hombre y la mujer no pueden amar, sino es con sus cuerpos, y a través de sus cuerpos. No tenemos otro modo.

Toda esta relación amorosa siempre lleva consigo la ambigüedad y la contradicción humanas. Es amor, pero se mezcla con dominio. Es entrega, pero puede convertirse en instrumento de poder. Es don gratuito, pero tiene su buena parte de egoísmo. Es madurez, pero es condicionamiento psicológico que se viene acumulando desde la infancia. Y allí esta la lucha, nunca plenamente resuelta. En la medida que prevalecen el amor, la entrega, el don y la madurez, disminuyen el dominio, el poder, el egoísmo y la carga negativa de la herencia psicológica, con todas sus frustraciones y sus pecados, con todas sus desviaciones y sus carencias. Porque amar es ponerse al servicio del otro. Poder y egoísmo, es dominar al otro y ponerlo al servicio de uno, constante antitesis humana y moral que debe irse resolviendo a lo largo de la vida. Si triunfan finalmente el poder, el egoísmo y la inmadurez, acabaran con el amor y, por tanto, con el matrimonio. Solo el amor podría ser medicina para esas medidas humanas. Pero, si ya no existe o ya no tiene fuerza, la herida será de muerte.

Por eso, el amor tiene que actualizar el matrimonio todos los días, no solo para enriquecerlo y profundizarlo, sino para protegerlo, en su rutina, contra todas las tentaciones, las limitantes y los peligros que lo acechan.

lunes, agosto 22, 2005

Tres historias de amor y desamor (III)

Tercera y última historia:
Pido disculpas por no ser tan directo como las dos personas que me han precedido, pero tengo algo que decir. Hoy estuve en una estación de tren y he descubierto que la distancia que separa los raíles es de 143.5 centímetros o 4 pies y 8.5 pulgadas. ¿Por qué esta medida tan absurda? Le pedí a mi pareja que descubriera la razón y he aquí el resultado:

Porque al principio, cuando construyeron los primeros vagones de tren, usaron las mismas herramientas utilizadas en la construcción de carruajes.

¿Por qué los carruajes tenían esta distancia entre las ruedas? Porque las antiguas carreteras se hicieron con esta medida, y sólo así podían circular los carruajes.

¿Quién decidió que las carreteras debían hacerse con esta medida? Y he aquí que de repente llegamos a un pasado muy distante: los romanos, primeros grandes constructores de carreteras, lo decidieron. ¿Por qué razón? Los carros de guerra eran conducidos por caballos – y al poner uno al lado del otro, los animales de la raza que usaban en aquella época ocupaban 143.5 centímetros.

De esta manera, la distancia entre los raíles que he visto hoy, usados por nuestro modernísimo tren de alta velocidad, fue determinada por los romanos. Cuando los emigrantes se fueron a Estados Unidos a construir ferrocarriles, no se preguntaron si sería mejor cambiar el ancho, y siguieron con el mismo patrón. Esto llegó a afectar incluso la construcción de los transbordadores espaciales: los ingenieros americanos creían que los tanques de combustible debían ser más grandes, pero eran fabricados en UTA, había que transportarlos en tren hasta el Centro Espacial de Florida, y en los túneles no cabían. Conclusión: tuvieron que resignarse a lo que los romanos habían decidido como medida ideal.

“¿Y eso que tiene que ver con el matrimonio?”

Tiene mucho que ver con el matrimonio y con las dos historias que acabamos de escuchar. En un momento dado de la historia, apareció alguien y dijo: cuando nos casamos, las dos personas deben permanecer congeladas el resto de su vida. Caminarán una al lado de la otra como dos raíles, obedeciendo este exacto patrón. Aunque uno necesite estar un poco más lejos o un poco más cerca algunas veces, eso va contra las reglas. Las reglas dicen: sean sensatos, piensen en el futuro, en los hijos. Ya no pueden cambiar, deberán ser como los raíles: tienen la misma distancia entre ellos en la estación de partida, en medio del camino o en la estación de llegada. No permitan que el amor cambie, que no crezca al principio, que no disminuya en el medio –es arriesgadísimo. Así pues, pasado el entusiasmo de los primeros años, es necesario mantener la misma distancia, la misma solidez, la misma funcionalidad. Son útiles para que el tren de la supervivencia de la especie tenga futuro: sus hijos sólo serán felices si continúan como siempre han estado – a 143.5 centímetros de distancia el uno del otro. Si no los satisface algo que nunca cambia, piensen en ellos, en los niños que han traído a este mundo.

Piensen en los vecinos. Demuestren que son felices, que preparan una carne asada los domingos, que ven la televisión, que ayudan a la comunidad. Mediten en la sociedad, vístanse de modo que todos sepan que entre ustedes no hay conflictos. No miren a los lados, alguien puede estar viéndolos, y eso es una tentación que puede significar divorcio, crisis, depresión.

Sonrían en las fotos. Coloquen fotografías en la sala, para que todos las vean. Poden la hierba, hagan deporte, para poder permanecer congelados en el tiempo. Cuando el deporte ya no mejore su aspecto, sométanse a la cirugía plástica. Pero no olviden nunca: estas reglas se establecieron en algún momento y tienen que respetarlas. ¿Quién estableció las reglas? Eso no tiene importancia, no se formulen jamás ese tipo de preguntas, porque las reglas serán válidas siempre aunque no estén de acuerdo.
El Zahir
Paulo Coelho

Tres historias de amor y desamor (II)

Segunda historia:
Soy el marido de esta mujer que acaba de contar la historia –dijo un señor que debía ser por lo menos unos 20 años mayor que la joven rubia y guapa. Todo lo que ella ha dicho es cierto. Pero hay algo que ella no sabe y que no he tenido el valor de comentarle. Voy a hacerlo ahora.

Cuando ella se fue a las montañas, yo no conseguí dormir en toda la noche y empecé a imaginar –con detalles- lo que estaba pasando. Ella llega, la chimenea está encendida, se saca el abrigo, se saca el jersey, no lleva sujetador debajo de la camiseta fina. Él puede ver claramente el contorno de sus senos.

Ella finge que no se da cuenta de su mirada. Dice que va a la cocina por otra botella de champán. Lleva unos vaqueros muy ajustados, anda despacio, e incluso sin volverse, sabe que él la mira de los pies a la cabeza. Vuelve, hablan de cosas verdaderamente íntimas, y eso les da una sensación de complicidad.

Agotan el asunto que la llevó hasta allí. Suena el teléfono celular –soy yo, quiero saber si todo va bien. Ella se acerca a él, pone el teléfono en su oído, ambos escuchan mi conversación, una conversación delicada, porque sé que es tarde para hacer cualquier tipo de presión, lo mejor es fingir que no estoy preocupado, sugerirle que aproveche el tiempo en las montañas, porque al día siguiente debe volver a París, cuidar de los niños, hacer las compras para la casa.

Cuelgo el teléfono, sabiendo que él ha escuchado la conversación. Ahora ambos –que estaban en sofás separados- están sentados muy juntos.

En ese momento dejé de pensar en lo que estaba sucediendo en las montañas. Me levanté, fui hasta el cuarto de mis hijos, después fui hasta la ventana, vi París, ¿y sabe de qué me di cuenta? De que aquel pensamiento me había excitado. Mucho, muchísimo. Saber que mi mujer podía estar, en aquel momento, besando a otro hombre, haciendo el amor con él.

Me sentí terriblemente mal. ¿Cómo podía excitarme con eso? Al día siguiente hablé con dos amigos; evidentemente no me utilicé como ejemplo, pero les pregunté si, en algún momento de sus vidas, les había resultado erótico cuando, en una fiesta, sorprenden la mirada de otro hombre en el escote de su mujer. Ambos rehuyeron el tema –porque es tabú. Pero ambos dijeron que es genial saber que tu mujer es deseada por otro hombre: no fueron más allá de eso. ¿Sería una fantasía secreta, escondida en el corazón de todos los hombres? No lo sé. Nuestra semana ha sido un infierno porque no entiendo lo que sentí. Y como no lo entiendo, la culpo a ella por provocar en mí algo que desequilibra mi mundo.
El Zahir
Paulo Coelho

Tres historias de amor y desamor (I)

Voy a compartir con ustedes algunos pasajes de la novela El Zahir. Se trata de una reunión en donde los asistentes se dan a la tarea de relatar historias de amor y desamor en una especie de terapia colectiva donde nadie juzga a nadie.
Primera Historia:
La semana pasada fui a visitar a un amigo que vive solo en las montañas, cerca de la frontera con Francia; alguien que adora los placeres de la vida y que más de una vez ha afirmado que toda la sabiduría que dicen que posee le viene justamente del hecho de aprovechar cada momento.

Desde el principio, a mi marido no le gustó la idea: sabía quién era él, que su pasatiempo favorito es cazar pájaros y seducir mujeres. Pero yo necesitaba hablar con este amigo, estaba pasando por un momento de crisis y sólo él podía ayudarme. Mi marido sugirió un psicólogo, un viaje, discutimos, nos peleamos, pero a pesar de todas las presiones en casa, hice el viaje. Mi amigo me fue a buscar al aeropuerto, hablamos por la tarde, cenamos, bebimos, hablamos un poco más y me fui a dormir. Me desperté al día siguiente, anduvimos por la región y volvió a dejarme en el aeropuerto.

En cuanto llegué a casa, empezaron las preguntas. ¿Estaba solo? Sí. ¿Ninguna mujer con él? No. ¿Bebieron? Bebimos. ¿Por qué no quieres hablar del tema? ¡Pero si estoy hablando del tema! Estaban solos en una casa que da a las montañas, un escenario romántico, ¿no es cierto? Sí. Y aun así, ¿no ocurrió nada aparte de la conversación? No pasó nada. ¿Piensas que me lo creo? ¿Por qué no ibas a creerlo? Porque va en contra de la naturaleza humana – un hombre y una mujer, si están juntos, si beben juntos, si comparten cosas íntimas, ¡acaban en la cama!

Estoy de acuerdo con mi marido. Va en contra de lo que nos han enseñado. Jamás creerá la historia que le he contado, pero es la pura verdad. Desde entonces, nuestra vida se ha convertido en un pequeño infierno. Pasará, pero es un sufrimiento inútil, un sufrimiento por culpa de lo que nos han contado: un hombre y una mujer que se admiran, cuando las circunstancias lo permiten, acaban en la cama.
El Zahir
Paulo Coelho

domingo, agosto 21, 2005

El Zahir

“Según el escritor Jorge Luis Borges, la idea del Zahir procede de la tradición islámica, y se estima que surgió alrededor del siglo XVIII. Zahir, en árabe, quiere decir visible, presente, lo que no puede pasar desapercibido. Algo o alguien que, cuando entramos en contacto con él, acaba ocupando poco a poco nuestro pensamiento, hasta que no somos capaces de concentrarnos en nada más. Eso puede considerarse santidad o locura.”

Faubourg Saint-Péres,
Enciclopedia de lo fantástico, 1953
Citado en la novela El Zahir, de Paulo Coelho.

Reflexiones de un domingo 21 de agosto

Ya van varias cosas que no me han salido bien últimamente y eso me desgasta mucho. Por más que intento que no me afecte y trato de convencerme de que en realidad son pequeñeces, la verdad es que sí han afectado mi estado de ánimo. Tal vez soy demasiado aprensiva. Además, me salta a la vista el hecho de que si estuviera con el amor de mi vida sería más fácil sobrellevar todos esos contratiempos y disgustos. ¿Qué significa esto? No es como que uno solo no pueda hacerlo. ¿Será que uno se vuelve más dependiente en el plano emocional cuando se está en pareja? ¿Qué tan bueno o malo puede ser esto? ¿Los amigos pueden llenar este espacio? ¿Son mejores que la pareja para apoyarnos? ¿O es simplemente diferente, cada uno con sus cualidades y defectos?

Todas estas preguntas surgieron después de varias sesiones intensivas de lectura. El libro: El Zahir, de Paulo Coelho. Una novela que me ha hecho reflexionar sobre varios temas: el amor, el desamor, el matrimonio, las metas profesionales, los amigos, el ritual de la escritura, la espiritualidad, la historia personal, la familia, el tedio, la renovación cotidiana, el coraje, las cicatrices del pasado, el destino, el amor por la vida…

Hacía mucho que un libro no me tocaba de esta manera.

Este domingo 21 de agosto de 2005 mi mente se convirtió en un torbellino de ideas. Vagas, profundas, retadoras, juiciosas, innovadoras, agobiantes. Ideas diversas. Es impresionante lo que puede llegar a desencadenar un robo. Todo partió de una culpabilidad que no debí haber sentido. Después, la compulsión de escribir y dejar que las palabras fluyan. Una a una. Como una especie de exorcismo. Y luego, leer, leer y leer. Casi sin poder contenerme. Como una obsesión. Mi propio Zahir.

- Amaya

Hearts breaking even

It’s been a cold, cold, cold, cold night tonight
And I can’t get you off of my mind
God knows I’ve tried
Did I throw away the best part of my life
When I cut you off, did I cut myself with the same damn knife
Hide my tears in the pouring rain, had my share of hurt and pain
Don’t say my name, run away, ‘cause it’s all in vain

My hearts breaking even, now there’s no use we even try
Hey I cried, yeah I lied, hell I almost died
Don’t got a reason, let’s just fold de cards and say good-bye
It’s all right, just two hearts breaking even tonight

It’s been a long, long, long, long time
Since I’ve had you love here in my hands
We didn’t understand it, we couldn’t understand it
But, nothing’s fair in love and hate,
You lay it all down and walk away before it’s too late
We danced all night as the music played,
The sheets got tangled in the mess we made
There in the stains, we remain
No one left to blame

My hearts breaking even, now there’s no use we even try
Hey I cried, yeah I lied, hell I almost died
Don’t got a reason, let’s just fold de cards and say good-bye
It’s all right, just two hearts breaking even tonight

Go on, get on with your life
Yeah I’ll get on with mine
Broken hearts can’t call the cops,
Yeah It’s a perfect crime
Twisting and turning the night keeps me yearning
I’m burning alive
I’m paying the price again
But I’ll see the light again

My hearts breaking even, now there’s no use we even try
Hey I cried, yeah I lied, hell I almost died
Don’t got a reason, let’s just fold de cards and say good-bye
It’s all right, just two hearts breaking even tonight


- Bon Jovi
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