martes, agosto 15, 2006

La crónica según Amaya (1a parte)

Fue un sábado 29 de julio. Un día único. Desde que me subí al auto empecé a fotografiar en mi mente todas las imágenes que flotaban a mi alrededor. Los autos pasaban lentamente y la gente volteaba a mirarme con una sonrisa. En la radio apenas se escuchaba una canción. La canté en silencio... "El gato que está triste y azul..." Avanzábamos despacio. Moisés me preguntaba si estaba nerviosa. No lo estaba. Disfrutaba cada color, cada nota, cada movimiento...
Cuando dimos la vuelta en la calle Tamaulipas, eran las 13:14 hrs. Todos estaban esperando. El primero que se acercó fue mi primo Luis. Me abrió la puerta. Enseguida llegó Alex. Mis papás ya estaban ahí. Yo saludaba a todos con la mirada. Y la sonrisa no se separaba de mis labios. Mis papás me tomaron de los brazos y caminamos todo el pasillo. Toda esa gente viéndonos. Esa Capilla estaba llena de emociones. Se sentía en el aire.
Al final del pasillo estaba Alex. La misa transcurrió y el momento en el que nos tomamos de las manos y nos vimos de frente para comprometernos fue mágico. La fuerza del instante me rebasaba. La emoción nos llegó a los ojos y se convirtió en lágrimas. No había dudas. La fuerza de las palabras llegó a los corazones. Estábamos seguros de todo. Era un compromiso con nosotros, con Dios, con nuestros amigos, con nuestra familia, con el destino... El mundo fue testigo de ese momento. El Padre nos decía: "Lo que Dios unió, no lo separará el Hombre", y reforzaba nuestra convicción.
Llegó el momento de la Comunión. Y verdaderamente lo que sentí fue una comunión, con Alex, con toda esa gente, con ese templo, con esa calidez y con esa canción... "Como una promesa, eres tú, eres tú. Como una mañana de verano. Como una sonrisa, eres tú, eres tú. Así, así, eres tú..." Susana estaba cantando. Me quedé sin palabras. Nos fascinó...
El Padre llamó a nuestros papás. Hubo una bendición y un perdón implícito. Y se formó un nudo en mi garganta. Era el anuncio de unas lágrimas inminentes. Ya éramos una sola familia. Y teníamos el nuevo compromiso de mantenerla unida.
Con ese compromiso y con la sonrisa en los rostros salimos de la Iglesia en medio de una lluvia de burbujas y el calor de nuestra gente...
- Amaya

1 comentario:

Goretti dijo...

Pero eso no fue lo mas importante Amaya, acuerdate que el padre dijo que estabas obligada a parir todos los hijos que dios les concediera, oh que bello mensaje!

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